Mostrando entradas con la etiqueta gemma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gemma. Mostrar todas las entradas

Estaciones

Te has vuelto a perder otro atardecer a mi lado. Y ya no sé todos los que van. Te has perdido la magia sin trucos. El mar sin dudas. Y la verdad es que no sé porqué. Teníamos mucho que ganar y muy poco que perder. Pero decidiste que irse sería la mejor opción. Y aquí me tienes. Contando primaveras. Desgastando veranos. Anhelando otoños. Y llorando inviernos. Pensándote en cada estación. También en las de tren. Atocha me recuerda al ajetreo de tus manos, y Chamartín al laberinto de tu cuerpo. Y ya ni hablamos de la fría estación de autobús a la que voy de vez en cuando. En la que ni tus besos me reciben ni me despiden. Dejando siempre, en cada autobús de vuelta, un suspiro perdido. Y después, como no, estoy ahí sentada, acordándome de ti. Y me jode irme pensando en lo que pudo haber sido cuando vine pensando en lo que sería.

Gemma Benito

Gritando a la nada.

¿Lo escuchas? No soy yo. Es mi corazón llamándote para morderte. Es cada uno de mis suspiros explorando tu oído. Es cada destello de mi sonrisa buscando el reflejo de tu mirada. Es todo nuestro nada. Gritando a los cuatro vientos. Recorriendo de norte a sur tu espalda, hasta llegar a las caderas. De este a oeste intentando que no se te vaya la vida por los costados. Aunque a veces, mejor que esos cuatro vientos, es un soplo de aire fresco en la cara que me recuerde que todavía vivo. Que no estoy recluida en ti y que puedo romper los barrotes que le pongo a tu cárcel. Me esposaste a tus palabras.

A mi, que no entiendo significados. Solo de tu significante.

Gemma Benito

RecuerDOS.

Podría ponerme a hablar de infinidad de cosas. Todas sobre ti, claro. Cosas con nombre y apellidos. Como tus ojos. Esos ojos sin color definido, pero de mirada mas que matizada. Intensa. Que incluso pesa. Tu boca es lo único que no tiene tu nombre, porque tiene el mio. He decidido adueñarme de ella, sin tu permiso. Así, a lo loco. Aunque para loco tú y tu pelo. Alborotado tras el masaje de mis manos. Pelo que abunda y que siempre te colocas con cuidado. Pero para cuidado, el de tus manos cuando me rozas. Es más que delicadeza. Es como si rozases porcelana. Aunque de porcelana ya poco. Porque estoy rota. Más que rota. Como aquella última botella de ron que nos bebimos. No sé donde estará. Tú tampoco sé donde estás. Solo me quedan mis pequeños trozos y tu olvido.


Gemma Benito 

Quizá.

Tal vez me gustes.
Por tu forma de mirar,
que me atraviesa y me enrevesa.
Por tu boca, que dispara
y por esa lengua que envenena al morderla.
Tal vez por esas manos que brindan
por el ron que aún nos queda en la botella. 
Por tus dedos, que forman ies
en cada punto de mi espalda.
Y tal vez porque mi cuerpo tirita
cada vez que tu silencio me roza.
Pero tal vez, y solo tal vez.

Gemma Benito.

A veces te pienso. Otras, (te) escribo.


Que hay cosas que no hay que dejar pasar.
Menos a ti.
A ti te dejo pasar.
Para recorrerte por detrás y mirarte de reojo.
Para que gires la cara y encuentres mi mirada.
Y para que puedas ver el horizonte,
y yo a ti en vertical.

Gemma Benito.

La mejor de todas las curvas.

Sonreír. Reír a mandíbula batiente. 
Y así. Repetir. En bucle.
Carcajadas desgastadas. 
Mandíbulas desencajadas. 
Que no cuesta tanto.
 Que te da fuerza. Y te refuerza.
 Que la risa es un autoregalo.
 Y la sonrisa es el envoltorio.
 O al revés. Qué más da.
 O quién da más.

Gemma Benito   

Te vi, viví y bebí.

Me emborraché. Bebí hasta saciarme.
Me rendí ante sus encantos.
Al principio todo iba bien. Entraba bien.
Pero luego cambió. Y pegó el palo.
Y dejó resaca, dolor de cabeza y pesadez de alma.
Sed, no sé de que, igual de ella.
Se llamaba Ginebra, y tenía el pelo oscuro.


Gemma Benito